Cuando el milagro es posible ( sobre Julito )

Publicado en Terapias

   Peter Pan es un caballo. Y aunque parezca un cuento de hadas, gracias a él, varios niños jiennenses mejoran de su autismo, parálisis cerebral o síndrome de West. Un milagro llamado hipoterapia.

   Guillermo tiene diez años. Es forofo del Atleti —se sabe toda su alineación y contra quién juega cada semana— y de mayor quiere ser entrenador. Tiene parálisis cerebral y pasa gran parte del día en una silla de ruedas. Desde hace dos años practica hipoterapia, la gran desconocida en Andalucía
   Esta terapia con caballos, quizá le permita andar en un futuro. Un equino, al paso, transmite ciento diez impulsos por minuto a un niño, desde la punta del pie hasta su cabeza. El cerebro va grabando los impulsos. Cuando se monta tiene todo el cuerpo contraído —lo normal en personas con parálisis cerebral— y el animal, con esos impulsos, lo relaja porque funciona como un masaje.

  Y es que en casos de parálisis, el cerebro no riega las neuronas de la psicomotricidad. Para po der andar Guillermo tendrá que desbloquear primero la zona pélvica. “Vamos a conseguir —afirma Maite Martín, logopeda, psicóloga, experta en equitación terapéutica y responsable del Club Hípico Victoria de Jaén— que Guillermo utilice aunque sea muletas para caminar. El caballo le enseñará lo que es la bipedestación, lo enderezará”.

   FISIOTERAPIA. Montar a caballo es lo mismo que el trabajo con un fisioterapeuta pero con ventajas: la posición sobre el animal cambia su perspectiva del mundo, la autoestima, la coordinación y el esfuerzo que tiene que realizar.

   Tras veinticuatro meses de terapia, este niño jiennense nota ya una cierta aunque lenta mejoría. Él se cansaba de los gimnasios. Siempre las mismas cuatro paredes. “Aquí está en el campo, entre animales. Cuando lo ponemos de pie tiene las piernas flexionadas, con el caballo se mantienen rectas y es cuando podría mantenerse recto. El equilibrio es su mayor avance. Que un niño con parálisis cerebral lo tenga es un avance espectacular”, reconoce su madre, Piedad Morales.

   Los caballos que utilizan en el club hípico son gallegos, transmiten a los niños calor, unos treinta y ocho grados, movimiento, equilibrio y sincronización. El equino perfecto para la hipoterapia debe tener carácter apacible. Sabe que lleva encima un niño con problemas. Va en tensión. Es mejor un dorso plano, buena constitución, que no esté ensillado y que posea un paso cuanto más largo mejor.
MÁS enfermedades. La hipoterapia no sólo sirve para niños con discapacidades físicas, psíquicas o sensoriales, sino también para aquellos que sufren dislexia, hiperactividad, retrasos motores o autismo. “Buscamos dar calidad de vida —señala Martín—. Esto no es un juego, es algo muy serio”.

   En Andalucía apenas hay cultura en clubes hípicos sobre la equinoterapia. Existen, tan sólo, seis o siete centros homologados. El caso de Guillermo no es único en Jaén. José tiene ocho años y es autista. No se relaciona con nadie. Después de diez meses en la hípica ha mejorado. “Está más centrado y relajado. Antes, les daba patadas a los perros. Desde que trata con caballos le compramos un perro y juega con él”, afirma su madre, Elena Expósito.

   “Los autistas no hablan pero se consiguen avances como que pronuncie Peter Pan, que es el nombre del caballo. Ahora, ya saluda y da la mano”, subraya Maite Martín. Gracias a los animales, al equino, se consigue una socialización de estos niños. “Debemos conseguir que fije la atención. Nos cuesta enseñarle cosas. Con los animales los niños disfrutan aunque, todavía, no sabemos por qué. Establecemos, a través del caballo, la comunicación que queremos”. Aunque el caso más espectacular es el de Julito, tiene síndrome de West, otro tipo de parálisis, y autismo. Monta desde el año pasado y ya se mantiene de pie. El milagro viene, en esta ocasión, en forma de cuadrúpedo.

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